“Amarse uno mismo es el principio de una eterna historia de amor.” – Oscar Wilde
Cuenta la historia que cada mañana, un aguador emprendía el camino desde el manantial hasta el pueblo, cargando dos vasijas sobre sus hombros: una impecable y brillante, la otra agrietada y algo desgastada por el tiempo. A medida que avanzaba, la vasija rota iba dejando escapar pequeñas gotas de agua.
La vasija agrietada, avergonzada por sus imperfecciones, se sentía inútil frente a la perfección de su compañera. Un día, entristecida, expresó su sentir al aguador: “¿Por qué sigues cargándome, sabiendo que pierdo agua y no cumplo plenamente mi propósito?”
El aguador sonrió con calma y señaló el camino que recorrían a diario. En uno de los lados, donde la vasija agrietada derramaba agua, había surgido un camino florecido con colores brillantes y vida exuberante. «Sin tu grieta», dijo, «este sendero nunca habría conocido la belleza de las flores. Tu imperfección, en realidad, ha regalado vida a nuestro mundo.»
En nuestro recorrido interno, existen grietas que preferimos ocultar, pequeñas fisuras por donde creemos que escapa nuestra fuerza vital. Pero, ¿qué pasaría si descubriéramos que precisamente en esas imperfecciones se encuentra la fuente secreta de nuestra mayor belleza y poder?
«Todos los amores van hacia el amor propio, como los ríos al océano»
Eleuterio Manero
En el devenir de nuestra historia, conoceremos un gran número de personas y experimentaremos un sinfín de experiencias.
Entre todos estos eventos y personas, habrá un único común denominador, nosotros mismos.
Somos nosotros, las personas más importantes que conoceremos en nuestra vida y es por esto un pilar fundamental del bienestar propio, mantener un equilibrio interior que nazca del amor a nosotros mismos y en conexión con nuestra propia esencia.
Para ello, tomando las palabras del reconocido conferencista argentino Roberto Perez, es necesario trabajar en 3 aspectos:
- Aceptarse: Conocerse y Valorarse
La aceptación comienza con el conocimiento de quien soy, como pienso, siento, mis fortalezas y mis debilidades para conducirme y lograr lo que necesito, pero también involucra valorarme; aprender que todo eso que soy, es importante, abrazando no solo mi presente sino también mi pasado, para construir mi autoestima y trabajar en el futuro que anhelo.
- Enriquecerse: Alimentarse y Gobernarse
Enriquecerse implica alimentarme, nutrirme no solo físicamente sino intelectual y emocionalmente. Darme los conocimientos, pensamientos y emociones que sean más beneficiosas para mi desarrollo y estabilidad. Así mismo, enriquecerse también implica la responsabilidad de gobernarse, de elegir y decidir con madurez que, y quienes colaboran con este crecimiento, así como los que no, para lograr el equilibrio necesario.
- Darse: Abrirse y entregarse
El ser humano por la naturaleza es gregario, por lo que para poder crecer más allá de si mismo, se apalanca en la interdependencia con otros seres humanos. Para ello es importante abrirse a los demás, a nuevas ideas y experiencias para enriquecerse con ellas y así mismo, entregarse también desde esa apertura a compartir con los demás como pensamos, sentimos y a actuar en consecuencia, para construir colectivamente un futuro mejor.
Nuestro amor propio florecerá cuando comprendamos profundamente que cada uno es hoy exactamente como necesita ser, con sus propios “agujeros”
Lo valioso no es carecer de fisuras, sino aprender a abrazarlas y aprovecharlas conscientemente como puertas hacia los resultados que deseamos y hacia la realización auténtica de nuestro ser.
Te invito hoy a realizar un acto consciente: observa una de tus grietas internas con ternura y gratitud. Pregúntate: ¿qué belleza, sabiduría o fuerza ha nacido de esta aparente imperfección?
Compártelo en los comentarios y cultivemos juntos un jardín de profunda aceptación y amor consciente.
